Alejandra Covello es una exitosa empresaria del real estate en Argentina, su país, pero hace más de veinte años decidió cruzar el Río de la Plata para ampliar el negocio y recomenzar su vida. Fue una adelantada a la tendencia que hoy refleja los deseos de miles de argentinos: instalarse en Uruguay en busca de una mayor seguridad, estabilidad y acceso a nuevas oportunidades.

Alejandra Covello

De alguna manera, Alejandra es el testimonio real de los proyectos que impulsa: pasó de ser una turista enamorada de Punta del Este a desembarcar en la ciudad con su familia y la decisión de responder a un negocio donde veía un enorme potencial: “Hace 20 años que trabajo en PDE junto a un gran equipo de profesionales. Fuimos pioneros en la venta profesional de pozo a familias de Argentina y otros países. Teníamos los assets de aquello que atraía de la ciudad a extranjeros: segura, sin guerras, con naturaleza, desarrollos inmobiliarios de alta gama y seguridad jurídica como valor diferencial  dentro de la región, además de baja inflación”, describe la fundadora de Covello Propiedades y Covello Internacional sobre los argumentos que guiaban su negocio en los 2000.

La crisis de COVID-19, sumada a  situaciones políticas de los países limítrofes (inestabilidad política, jurídica y económica), alentaron las decisiones de mirar al Este como un destino mucho más que turístico. Lo convirtieron en la posibilidad de un cambio de vida. “Muchos desarrolladores argentinos vinieron a Uruguay, sobre todo a PDE y se sumaron al llamador Uruguay, hoy es el momento, que surgió del buen manejo de la pandemia que hizo el presidente Lacalle Pou”, argumenta Covello sobre el contexto que impulsó la transformación de la ciudad.
“Hoy la ciudad se consolida con un nivel educativo muy bueno, armonía en la arquitectura y un stock amplio de oferta de bienes y servicios. Cuando llegué con mi familia, veinte años atrás, Punta del Este era un lugar en desarrollo. Luego de las vacaciones se transformaba en una ciudad vacía. Ahora está siempre viva. Se duplicó la población, hay cines, teatros, cafés, vida social… y todo sin embotellamientos ni el caos de las grandes capitales. Todo es ordenado, porque en Uruguay las normas se cumplen”, destaca como valor clave.