La llegada de los argentinos a Punta del Este ya no es novedad. Son cada vez más las familias que año a año deciden desembarcar en la ciudad balnearia en busca de una mejor calidad de vida, nuevos desafíos, tranquilidad y seguridad. En ese marco, aparece un tema a resolver para quienes son padres: conseguir una educación de alto nivel para sus hijos, que les permita seguir con sus estudios universitarios en el exterior.

En Maldonado surgieron diferentes opciones educativas en los últimos años, con el fin de satisfacer esta demanda emergente por parte de quienes llegaban a Uruguay desde distintos puntos del continente y del mundo. El International College Punta del Este fue uno de los institutos que destacó entre todas las nuevas opciones. Su CEO, Rolando Rozenblum analiza este arribo de argentinos a la ciudad esteña: “La situación política argentina, sumada a la económica y la restricción lockdown de la pandemia, aceleró muchísimo más ese proceso que ya venía sucediendo. Ahora, hay una masa crítica mucho más grande de residentes. El argentino habitual que se muda a Punta del Este ratifica su decisión, influenciado por su núcleo más cercano de amigos”.

En la escuela conviven 600 alumnos de 26 nacionalidades diferentes, de los cuales 244 son argentinos, 216 uruguayos, 30 brasileños y 19 estadounidenses. En menor medida, los otros países con presencia en el International College Punta del Este son Ucrania, Suiza, Alemania y Rusia.

Ubicado entre la Playa Brava y la Mansa, el colegio está pegado a los dos barrios cerrados más grandes de Punta del Este: La Alborada y Residence. Muchos alumnos llegan desde aquí, pero también están quienes viven en Piriápolis y José Ignacio. De todas formas, ninguno se encuentra a más de 40 kilómetros.

En términos educativos, la institución trabaja sobre tres pilares fundamentales: el arte, el deporte y la tecnología. Ahí entra en escena un protagonista de la escuela, el avión Boeing 737-200, que está a disposición de los alumnos en el laboratorio para estudiar durante sus clases de robótica. Y eso no es todo. Los estudiantes juegan al fútbol en una cancha FIFA y al básquet en una NBA, siempre con el objetivo de que los chicos tengan contacto con las actividades de alto rendimiento. 

“Un gran error es poner a un atleta de alto rendimiento en superficies que no son propias, justamente, porque se va a lastimar durante el período de alta performance. Entonces, tenemos el piso para que el atleta que no sea de alto rendimiento pueda preservar su físico y tenga una duración más grande como deportista. Practican rugby, básquet, fútbol… Hay un gimnasio de alto rendimiento en el que los alumnos usan las mismas máquinas que los atletas olímpicos. Además, lo pueden usar los padres porque es un proyecto integrado. Acá, no se pasan dos horas por día en un auto. La familia está muchas horas por día en el colegio. Hay un restaurante donde se encuentran y almuerzan juntos”, detalla Rozenblum.

El máximo nivel de alumnos por aula es 25. Los costos son los siguientes: el nivel kinder parte desde los 350 dólares y llega hasta los 950 dólares para los estudiantes de nivel secundario. También, la escuela cuenta con una amplia oferta de viajes de intercambio que se pagan aparte. Se llevan adelante a partir de distintos convenios con instituciones de Inglaterra. 

A Rozenblum le llamó la atención la llegada de una familia alemana muy poderosa y pudiente. Les preguntó la razón de su viaje y su elección. Ellos le contaron que buscaban un país que reúna diferentes cualidades: seguridad jurídica, política, económica, física, geográfica y geológica. Todo eso lo encontraron en Punta del Este. 

Fuente: Infobae.